Cada vez que las noticias sobre las protestas sociales llegan a los medios y son tema principal de agenda surgen anuncios desde las autoridades de turno acerca de la necesidad de armar “protocolos” para contenerlas.

Y estos muchas veces giran sobre el rol del trabajo policial y la posibilidad del uso de la fuerza para disolverlas y la tensión sobre el derecho a peticionar y el derecho a la libre circulación.

Aquí aparece la primera cuestión para pensar… ¿Qué pasa cuando la gente reclama por los canales adecuados del Estado? ¿Recibe respuesta oportuna? 

Existe el derecho “peticionar a las autoridades” que implica el deber de las autoridades de dar una respuesta. No significa dar lo que se solicitó sino dar una respuesta.

Mientras los “protocolos” que se intenten se focalicen sólo en “liberar el tránsito” se estará trabajando desde una reducción del tema que no contempla su complejidad.

En ocasiones los protocolos, uno de sus ejemplos es el capítulo de “Negociación en conflictos sociales complejos” (arts. 30 a 32 de la ley 3323 c- Integral de mediación), caen en esta mirada simplista.

La protesta social es un “síntoma” de algo más complejo que nos lleva a pensar su significado, el por qué ganar la calle es la única forma de ser visibles o de obtener alguna respuesta a los reclamos.

¿Qué significa ganar la calle? ¿Por qué se gana la calle? ¿Ganar la calle es el inicio o sólo una parte del conflicto social? ¿Qué significa ganar la calle en épocas electorales?

¿Qué trabajos se realizan en territorio para detectar las necesidades y prevenir la escalada de los conflictos?

¿Cómo impactan miradas pendulares sobre qué se permite o no?

¿Cómo impactan los compromisos incumplidos realizados para “salir” del paso?

Los conflictos sociales son complejos y requieren ser abordados desde una mirada sistémica, teniendo en cuenta sus características particulares en cuanto a actores, métodos, estrategias, tiempo, espacio.

Existen vastos estudios sobre la temática y propuestas para pensar el diseño de estrategias para prevenir, gestionar, resolver y transformar esta problemática.

Mientras las propuestas que se diseñen sólo se focalicen en la “liberación” del espacio público y el rol de la fuerza pública, se estará haciendo una lectura parcial, intentando atacar sólo el síntoma inmediato y no las cuestiones de fondo y las mismas seguirán fracasando.

Quizá es tiempo de pensar qué se ha aprendido de los “protocolos” que no funcionaron o que, comenzando a funcionar luego no se sostuvieron para pensar nuevas estrategias.

Sino seguiremos intentando obtener resultados diferentes haciendo más de lo mismo.

DANIEL F. MARTÍNEZ ZAMPA
MAG. EN ADMINISTRACIÓN Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS.

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